Los 2 años y la fase del “mío,mío”, del “yo” y del “no”

Un de los rollos más grandes que enfrentamos las mamás de niños pequeños cuando vamos de visita o invitamos a otros niños a jugar a la casa es el que "compartan" los jueguetes y no PELEEN… No obligarlos y tampoco premiarlos por compartir son algunos de los factores más relevantes que los especialistas dan a los padres para que podamos enseñarles a nuestros pollitos a prestar sus juguetes…
La Fase del "mío, mío"…
Mara acaba de cumplir dos años. Desde hace tiempo quiere hacerlo absolutamente todo ella (aunque creo que ya desde que nació sentía esa necesidad imperiosa de hacerlo todo por ella misma). “Mamá yo” repite cada día ante un sinfín de cosas, y esto pese a que siempre hemos potenciado muchísimo su autonomía. Por supuesto, la dejamos hacer siempre y cuando la acción no entrañe peligro alguno. Muchas veces, incluso, nos adelantamos: ¿Quieres hacerlo tú misma? Y ella responde absolutamente feliz “Sí, mamá, Mara”. También tiene muy claras las cosas: cuando algo es no, es no. Aquí ya entra la fase negociación, mucho más compleja a veces que la anterior porque, pese a que hay cosas a las que no le damos importancia alguna (como con la ducha, por ejemplo), sí que hay otras en las que en “no” puede provocar un conflicto nada apetecible para ninguno (no querer subir a la silla del coche, no querer cambiar un pañal con caca en fase de fosilización, subir a un sitio peligroso, cruzar la calle corriendo sola…).
Junto a los conceptos del “Yo lo hago” y el “No” se une el tercero en discordia: “Mío, mío, mío”. ¿Cómo “actuamos”?

Cómo ve un niño de dos años la propiedad de los objetos
Hablar de edades exactas en la infancia es complicado “porque la gente puede tomárselo al pie de la letra”, nos explica la psicóloga clínica Cristina Veira, autora del blog Madre y Autónoma y cofundadora de la Clínica Andainas de A Coruña, quien añade que ha observado enfados por la propiedad desde los 18 meses pero que, sin duda, si hay una edad estrella de esta etapa es la que va de los 2 a los 3 años.
Esta fase se caracteriza porque el niño se niega a dejar sus juguetes a otros pero sin entender que él tampoco puede coger todo lo que quiera. Para entender un poco por qué ocurre esto, Cristina nos explica que antes debemos saber cómo piensa un niño de 2 años: “Es una etapa de profundo egocentrismo, en el sentido más literal de la palabra. Todavía no son capaces de ponerse en el lugar del otro, ni a nivel emocional ni cognitivo. De hecho, hay una situación bastante curiosa que se da a menudo en niños de 2 años: Uno de ellos le pega al otro y éste llora. Si nos fijamos en el niño que ha pegado, vemos que tiene más curiosidad que otra cosa al ver al otro llorar: ¡no sabe por qué está llorando! Además, la noción de temporalidad no existe. Para ellos “un rato”, “para siempre” y “dos horas” significan lo mismo. Por último, no podemos olvidar que la etapa que va desde los 2 a los 3 años se caracteriza también por ser la etapa del NO. El niño se ha dado cuenta de que tiene unos deseos distintos a los de sus padres (y a los de los otros niños) y comienza a reafirmar su personalidad a través de la negativa a todos los deseos de los demás. Si mezclamos estos tres ingredientes, podemos entender perfectamente por qué les cuesta tanto compartir”.

No obligar, no premiar
La autora de MadreyAutónoma.com añade que “la emoción principal que sienten es la de miedo a perder algo para siempre” y, por tanto es por ahí por donde podemos empezar a enseñarles a compartir.
Por supuesto, nunca debemos humillarle con frases del estilo a “todos prestan los juguetes menos tú”, insultarle diciendo cosas como “eres un egoísta” y, ni mucho menos chantajearle al son de frases del tipo “si no le prestas el juguete, mamá no te querrá más” o “si le prestas este juguete, te doy una galleta”. La psicóloga nos explica que tampoco es conveniente utilizar la frase de “hay que compartir” porque “está vacía de significado ¿por qué hay que compartir?, es más ¿por qué tiene que compartir ese juguete en ese momento? Si somos capaces de responder a estas preguntas, entonces demos la respuesta y no nos quedemos con el simple ‘hay que compartir‘”.
¿Qué podemos hacer ante esta situación?
“Lo principal es no obligar nunca a los niños a dejar algo que no quieren y validar su miedo a perder el juguete para siempre (“el juguete es tuyo y tienes miedo de que X no te lo devuelva pero sólo quiere jugar con él un rato mientras tú no lo estás usando”). Dicho esto, la psicóloga propone ofrecer alternativas:– Dejarle el juguete mientras tu hijo juega con otra cosa.– Jugamos todos juntos con el juguete.– No prestar el juguete sin más. En este caso, decirle al otro niño que lo sientes pero que el juguete es de tu hijo y si no quiere dejarlo, hay que respetarlo.– Prestarle otro juguete al niño mientras tu hijo se queda con el que no quiere dejar.– En último caso, retirar el “juguete de la discordia” porque está creando problemas (ojo, no como castigo sino para evitar que sigan sufriendo) e intentar distraer.
Insiste en que “no es necesario ofrecerle todas las alternativas a la vez, porque no las va a asimilar. Mejor escoger dos, según esté el ánimo de tu hijo y probar con esas”.
En el caso de que elija prestar algo, Cristina sugiere “dar las gracias en nombre del niño por su generosidad y señalarle que ahora el niño está contento porque él le ha dejado el juguete. No hace falta premiarlo ni felicitarlo. Al fin y al cabo, los actos de generosidad se dan para hacer más felices a los demás y eso debería ser ya un valor en sí mismo”.

Tips para aprender a compartir
La mejor manera de enseñar a compartir es… ¡compartiendo! La psicóloga nos plantea que se puede empezar con cosas cotidianas, “si tu hijo te pide algo de tu plato dile que lo compartes con él, déjale tu ropa si quiere jugar con ella, etc.” También podemos pedirle prestado sus juguetes, jugar con ellos y devolvérselos “para que vea que los va a recuperar”.
Otros juegos interesantes para enseñar a compartir:– Dar y tomar. Pasarse un objeto del uno al otro como una pelota, un muñeco, etc.– Los juegos con muchas piezas donde se puede compartir sin quedarse sin nada (colores, bloques de construcción, etc).
“Un aspecto importante que quería destacar, puesto que muchas veces se pasa por alto, es que no tienen por qué compartirlo todo. Por ejemplo, si tu hijo está dibujando en un folio, puede compartir las pinturas pero se le puede dar un folio al otro niño. Yo aquí apelo al sentido común: si hay posibilidad de que cada uno tenga lo suyo, pues asunto arreglado”, aclara Cristina. Hacer que comparta cuando no es necesario, sólo para que aprenda a compartir es como frustrarlo porque sí, para que aprenda a “tolerar la frustración”.
Y nos informa de que “Hay dos momentos en los que hay que intervenir sí o sí: Si uno de los niño rompe a llorar o si agrede al otro. Ahora bien, lo ideal sería poder prever estas reacciones y actuar justo antes de que se produzcan para prevenirlas: cuando el niño ya ha dicho dos veces que no, cuando se empieza a poner rojo, etc. son señales que indican que va a explotar. Si son algo mayores, se les puede preguntar antes de nada ‘¿necesitáis ayuda o podéis resolverlo solos?’”.
Texto original extraído de:Marujismo.com

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