No pude. Esta semana mundial de la lactancia “me duele”

Leo y leo mi muro de facebook, todas las página de maternidad y familia que sigo, TODAS, hablan esta semana una y otra vez de la importancia de la leche materna. Primero no me doy cuenta que algo pasa. Después me aburre y me pone mal genio el tema. Es repetido, fome, monótono.

Después, dos días después, comienzo a sentirme derechamente angustiada al leer tantos títulos y ver tantos videos de la bendita leche materna. Es que se me aprieta la guata cada vez que veo mi muro de FB y en mi Instagram es la misma tontera!
Y es que YO no pude, no me resultó. Siempre quise amamantar, era uno de mis deseos desde que supe que estaba embarazada, pero algo pasó. Mi cuerpo no me respondió. Estaba nerviosa, cansada, ansiosa, triste y con unas grietas enormes que hacían de cada intento un verdadero martirio.
Lo que más me dio pena no era el tema de la alimentación o los nutrientes únicos que cada madre hace para su cachorro. Para eso la industria farmacéutica tiene un negocio millonario y ha creado en laboratorios rellenos de buena calidad. Tampoco me importaba el tema de las defensas, más que mal, este sistema llena a las guaguas de vacunas obligatorias y los pediatras no te dejan salir a ninguna parte hasta que la guagua tiene a lo menos un mes.
Lo que realmente me dolía y me DUELE hasta ahora, es de lo que nos perdimos, mi hijo y yo. De ese vínculo rico, esas siestas pegaditos, ese calorcito, esa cosa linda que me hacía sentir mariposas en la guata cuando veía a mis amigas amamantar. Ese vínculo dónde es sólo la mamá la que puede calmar y dar. De esos instantes cuando la guagua agarrada a tu pechuga deja de succionar sólo para mirarte a los ojos. De eso nos perdimos mi hijo y yo. De eso nos perdimos y de mucho más.
Y si bien, los dos nos perdimos de esto tan lindo, es culpa mía. Es responsabilidad mía. O por lo menos así lo siento. Que era algo que estaba en "mis manos" o en la de los doctores, de la matrona, de la sociedad, de mi madre o mi abuela, de cualquiera, menos de mi hijo. Él estaba ahí listo, preparado para recibir lo que necesitaba y YO NO SE LO DÍ.
No hay duda de que las cosas están cambiando. Las estadísticas hablan de un repunte de la lactancia materna y eso es una gran noticia a nivel de país. Para mi, para nuestra familia no lo sé. Tampoco sé cuánta culpa sentiré cuando mi hijo crezca y me pregunte ¿por qué no me diste pecho mamá? ¿cómo le voy a explicar lo que sucedió si ni yo lo tengo muy claro?
Esta Semana Mundial de la Lactancia Materna me enrostra esta pena. Me obliga a hacerme cargo, hace que me duela otra vez.
Estoy segura a mucha madres les pasa lo mismo, ojalá también existieran campañas que nos ayudaran a nosotras, a las que no pudimos, a cerrar la herida, A que no nos sintamos malas madres o mujeres incompletas.
Un abrazo a todas en esta semana

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