Portear no es “Malcriar”

La humanidad ha logrado sobrevivir, hemos evolucionado hasta aquí, gracias a los brazos cariñosos, fuertes y la presencia de nuestros padres.

Llegamos como humanidad hasta el 2018 porque nuestros antepasados nos cuidaron. La silla nido, el coche, el corral, mecedora, gimnasio y TODO lo que hoy existe en el mercado para los bebés es absolutamente nuevo, las madres primerizas las compramos o recibimos de regalo y muchas no sirven en lo absoluto. ¿Dónde termina la guagua? ¡En nuestros brazos.

Pasan los días, semanas y algunos meses y terminamos por comprender que nuestra guagua lo que básicamente  necesita es estar cambiada de pañal, ropa y con el sólo hecho de tenernos cerca, ya está casi todo solucionado.

Un recién nacido y lactante llorará muchísimo si percibe que está desatendido, tiene hambre, se siente inseguro o solo. Llora para sobrevivir, su instinto animal de supervivencia (ese que compartimos genéticamente con nuestros primeros antepasados) está completamente desarrollado y se activa para sobrevivir una vez que ha salido fuera del útero materno, pues aquí todo es territorio hostil.

Por este motivo, es que un bebé pequeño llora hasta un 30% menos cuando es porteado, por consecuencia, descansa mejor y logra conciliar el sueño con mayor facilidad y por periodos más largos de tiempo. Es el contacto, la piel y el calor de la mamá (papá o cuidador principal) donde la guagua se siente segura, tranquila y sin necesidad alguna de “activar” sus mecanismos de alarma para asegurar su supervivencia.

Nuestros bebés vienen, algo así, como “preseteados” para encender sus luces internas de alarma máxima cuando se sienten inseguros y, del mismo modo, están “configurados” para entregarse al buen descanso y un desarrollo neuronal, físico y emocional óptimo, cuando se sienten contenidos y en su hábitat. Ese “medio ambienteES el cuerpo de la mamá o del cuidador principal.

En tanto, la madre de este bebé mamífero, también tendrá el impulso de portearlo o llevarlo en brazos, estará mucho más tranquila con un recién nacido durmiendo pegado a su pecho, cómodamente sujeto en su mochila ergonómica, que pegada ella a la pantalla de un monitor de bebés, mientras su hijo descansa solo en una habitación físicamente lejos de ella.

Variados experimentos científicos, más las experiencias recopiladas por la pediatra Pickler, y otros, han demostrado que un recién nacido sin el afecto, sin el contacto y los brazos no logra sobrevivir o no alcanza niveles óptimos de desarrollo (es dañado por el exceso de cortisol en su cerebro, el que lo condiciona por el resto de su vida o en casos extremos, no sobrevive).

 

 

Está claro que si dejamos a un bebé sin ningún soporte, no evolucionará. Entonces, ¿porqué la sociedad nos marca una pauta completamente contraria a la que indican la ciencia y la naturaleza?

Un bebé necesita estar pegado a sus padres durante los nueve meses siguientes al nacimiento (a este periodo le llamamos “exterogestación” y responde a algo así como a lo que viene luego del nacimiento al igual que los canguros, que, como el hombre, nacen inmaduros, sin siquiera los medios para sostenerse al cuerpo de su madre autónomamente, no siendo este el caso de los monos, koalas y otros primates).

Ningún niño se queda en la cama de los padres o es porteado para siempre. Ningún niño llega a educación básica prefiriendo ir en upa de sus padres en lugar de querer ir a jugar fútbol con sus amigos. En serio, tus hijos no van a dormir contigo toda la vida.

Los bebés, del mismo modo que las crías de gorilas, evolucionan, se ponen de pie andan y acceden a la comida por ellos mismos, pero para llegar hasta aquí, necesitan una buena base de confianza previa. Esa base la proporciona el porteo.

 

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