¿Porqué nos sentimos tan exigidas las mamás?

En The Mommy quisimos buscar una mirada integral de este tema pues el “síndrome de la mamá perfecta” existe y muchas veces llena de baches nuestra felicidad. Conversamos con la psicóloga Estefanía Buré y nos dimos cuenta que varias de estas frases rondan la cabeza de la mayoría de las madres…

Las mamás debemos hacemos todo y lo tenemos que hacer todo bien

Las mamás tenemos que tener energía para jugar con nuestros hijos

Las mamás debemos estar siempre disponibles

Las mamás tenemos que estar y vernos felices (no nos enojamos)

Las mamás debemos sacrificarnos por nuestros hijos

Las mamás podemos con todo 

Las mamás resolvemos todo

¿Algunas de estas “premisas” rondan tu cabeza y también son tus propias exigencias, qué otras exigencias has sentido tú?

Las mamás de esta generación vivimos en una sociedad de la exigencia.

Criamos en un contexto donde existen muchísimas imposiciones de cómo debemos ser “buenasmamás”. Y casi nunca podemos cumplir con ese estándar.

Ronda en nuestras cabezas el mito de la “mamá perfecta”: la que no se enoja; que todo lo hace bien… Y en contra de eso, seguimos cayendo ahí.

¿Qué podemos hacer para dejar ir a la “mamá perfecta”?

Las mamás caemos en este mito no porque queramos, sino porque somos parte de un engranaje estructural y social que lo hace perdurar.

La culpa, el cansancio y la frustración de no cumplir no son sentimientos individuales, sino que de un colectivo (sí, aunque no lo creas, somos muchísimas las madres igual que tú); ya que por años hemos sido arrastradas hacia un modelo irreal e inalcanzable de maternidad.

¿Qué podemos hacer entonces?

Chao culpa: repensar la falsa creencia de que solo nosotras debemos hacernos cargo del cuidado, y que los espacios de autocuidado son un lujo que las madres no podemos darnos.

Chao necesidad de control: despedirse del “nadie más lo hará como yo…”, porque, siento decepcionarlas, no es así.

Chao Supermamá: mostrarse vulnerable con alguien de confianza, que me ayude y guíe cuando me sienta perdida. 

Todas estas “despedidas” (chao a la culpa, a la necesidad de control y a la súpermamá), no me hace una mala mamá, me hace una mamá real, una mamá más cercana a mis hijos.

Nuestros Agradecimientos por el texto y colaboración a la Estefa, si quieren más información de sus terapias y talleres pasen a verla en @sos.para.mamas

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